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Liberalismo, Sí; Necroliberalismo, No

Alguien tiene que estar muy equivocado o, simplemente, todos hemos perdido un tornillo. En Rosario, mi querida ciudad natal, se reunió la flor y nata de la derecha neoliberal. Nombres que para los bien informados producen escalofríos, como Noriega, Aznar o López Murphy, entonaron loas al actual orden económico y la emprendieron contra los enemigos de siempre: Chávez, Evo, Correa.
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Según Mario Vargas Llosa, que tengo entendido presidió la reunión, Aznar "fue un extraordinario jefe de Gobierno". Y por ahí se encamina mi sospecha de que algo anda muy mal en la cabeza de este grupo o en nuestra capacidad de tolerancia.
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¡Aznar, ese desequilibrado que metió a España en una guerra absurda, "un extraordinario jefe de gobierno"! ¿El tipo que legitimó la invasión a Irak y por cuya culpa se produjo la masacre del 11-M y, además, mintió atribuyendo el atentado a ETA, "un extraordinario jefe de gobierno"? Esa sí que es buena. Para colmo, el mismo Aznar, luego de declarar que América Latina "forma parte de la civilización occidental" (sería maravilloso saber qué quiere decir con esto) y de reivindicar su decisión de mandar tropas a Irak en apoyo a su buen amigo Bush, contra la voluntad del 90% de los españoles, dijo, con esa incapacidad de autocrítica propia de quien está al servicio de intereses inconfesables: "No van a escuchar de mí palabras de perdón ni de arrepentimiento. Estoy orgulloso de pertenecer a una civilización occidental y, si me apuran, estoy dispuesto a defenderlos y los defendí cuando fue necesario".
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¿Estará enterado de que en Irak han muerto más de un millón de seres humanos, que 4 millones y medio han sido desplazados, que el patrimonio genético de los iraquíes ha sido prácticamente destruido por el uranio empobrecido que contienen las bombas, que el petróleo ha pasado de costar 35 a 105 dólares el barril, etc.? Sabrá que sus socios están empantanados y que los 4 mil muchachos estadounidenses muertos, y los 25 mil heridos, y los 52 mil necesitados de tratamiento psiquiátrico, solo sirvieron para asegurar mayores ganancias a empresas privadas ligadas a los intereses de los grupos de poder estadounidenses?
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¿Esa es la cultura occidental de la que está orgulloso? ¿Es esa la cultura occidental? ¿Lo es ese zurrarse en el derecho internacional de Aznar, quien agregó: "Quiero expresar mi respaldo a Uribe en su lucha por la libertad"? En esa lucha, para Aznar, como para Bush, no hay matices: "los buenos deben ganar siempre" aunque el precio de su triunfo tenga un altísimo costo en vidas humanas y en respeto a los valores que hemos establecido para lograr comportamientos más civilizados.
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Para quienes creemos que ese necroliberalismo favorece la desigualdad y acelera la destrucción de la vida en el planeta fue una satisfacción saber que a Noriega (ex subsecretario de Asuntos Hemisféricos de EE.UU.) y a Carlos Alberto Montaner, el cuerpo de regidores de Rosario, por unanimidad, los declaró visitantes no gratos por sus antecedentes como defensores de la teoría de Seguridad Nacional, que tantos crímenes generó en Argentina.
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Autor: Guillermo Giacosa
Fuente: Perú21

El Canal 7 y la discriminación ideológica

Los 'mails' y las llamadas recibidas desde el sábado pasado a raíz de mi salida de canal 7 me obligan a volver al tema. Creo que una empresa o una entidad del Estado está en su derecho cuando elige lo que más le cree convenir. En este caso concreto, yo debo agradecer a quienes se han solidarizado conmigo, pero también debo agradecer, como ya lo he hecho en el primer artículo, al canal del Estado por haberme permitido ocho años de trabajo periodístico ejercido con plena y absoluta libertad, tal como ocurre en la actualidad con Perú.21.
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Debo sí insistir en que, para mí, trabajar en el canal del Estado no significó nunca trabajar en el canal del Gobierno. Jamás he sido oficialista, tampoco crítico implacable, ese no es mi estilo. Mi praxis periodística pasa por el campo pedagógico. Trato de explicarme a mí mismo y de explicar a quienes me leen o escuchan las razones que existen detrás de los hechos que se producen y, si es posible, cómo estos hechos repercuten en nuestra vida cotidiana. Estoy convencido de que no hay democracia que pueda funcionar como tal dentro de un país cuya población se deja guiar por los titulares de la prensa. Las interpretaciones ligeras a las que son afectos muchos colegas impiden el desarrollo de una conciencia crítica, que es la palanca indispensable para que los ciudadanos de una nación democrática crezcan como tales. La democracia es una cultura, un estilo de vida. No llega solo de las urnas, llega de una práctica que incluye permanentemente al prójimo como sujeto de los mismos derechos, respetos y posibilidades que gozamos nosotros. Es cierto que en un mundo donde la política ha sido transformada en espectáculo, mi estilo carece de espectacularidad. Y no lo voy a cambiar, simplemente, porque no puedo y porque no corresponde a los principios que sustentan mi existencia y mi labor profesional.
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En la televisión estatal he dedicado mis esfuerzos a despertar conciencia sobre las catástrofes naturales que se avecinan debido al cambio climático. Se trata de un tema científico del que vengo hablando hace 30 años que, indudablemente, tiene un fuerte contenido político. Los TLC y las leyes pueden acelerar o disminuir su velocidad.
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El crecimiento económico, alegremente entregado a la sabiduría del mercado, es una variable que también jugará un papel importante en la prolongación de la vida sobre el planeta. Anticipar las consecuencias o simplemente explicar el fenómeno es poner en duda el saber oficial que se engola hablando de crecimiento. Es poner en duda, sin necesidad de expresarlo, el valor de la dirección adoptada.
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Nada de eso, a mi entender, es considerado inocente o gratuito por quienes hoy dirigen el canal del Estado. Por ello señalo mi apartamiento como una expresión de discriminación ideológica que nada tiene que ver con el costo de producción de dicho programa que, tengo las cifras, debe ser uno de los más baratos de la TV.
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Mi caso es solo uno más frente a la vocación antidemocrática de instalar la unanimidad coral que caracteriza hoy a gran parte de la prensa nacional.
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Autor: Guillermo Giacosa
Fuente: Peru21